lunes, 4 de noviembre de 2013

Argentina me mata

Me envejece este país. Un mar de imbecilidades en el que están todas las posibilidades y no podemos tomar ninguna.

Deberíamos denunciar la imbecilidad con menos timidez. Al que viene con una latita de enunciados y proclamas que no cuajan -ni para comprar una pizza- le deberíamos decir más sinceramente: sos un imbécil. Por lo pronto propongo que dejemos de subvencionarlos. Porque viven de nosotros, y nos dicen que "todo es política" y nos exigen el impuesto a sostener incoherencias y caprichos.

Hasta ahora la táctica ha sido marearnos. Dejarnos en un país lleno de precarieades y miserias antojadizas, para disfrazar la idea de que el mundo kirchnerista carece de contenido, de sustancia.

Tenemos inflación, y por eso no sabemos cuánto cuestan las cosas, cuál es la relación de lógica entre los precios, y no sabemos cuánto costarán mañana. Si les cuento que hacía un presupuesto anual de entradas y gastos -con un proyectado de cinco años- van a entender lo perdido que me siento.

Como si no alcanzara, a las leyes promulgadas se le debe agregar la ley no escrita de un señor que se llama Moreno y que organiza la economía dando instrucciones telefónicas, amenazas incongruentes y persecuciones arbitrarias y abusivas.

Desde la muerte de Néstor Kirchner el modelo, el proyecto y la relación de los poderes se ha cambiado. El discurso repite que está todo igual, y enarbolan de palabra las banderas del tuerto -así lo ha recordado públicamente su viuda en dos ocasiones-. Y aunque no me gustaba nada la Argentina manejada por un matón, han conseguido empeorarla con una Argentina oligofrénica. Y a todo esto con un barniz progre tan deforme y poco esmerado que hay que hacer un gran esfuerzo para permanecer engañado.

A todo lo que acabo de nombrar, y como un moño que alguno pensó que le faltaba, tenemos a nuestra presidente en cama. No sabemos qué está haciendo en realidad, ni qué tan grave es lo que tiene, si es que tiene algo. Como he dejado en claro en este blog, las conjeturas que se tejen son variadas y me agotan.

La sensación de que, más allá de una foto épica y berreta, vamos a la deriva es muy fuerte.